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Xbox y PlayStation: diferencias entre el modo calidad y rendimiento


Cada configuración se debe ajustar dependiendo del tipo de juego.
 

Con la nueva generación de consolas llegaron dos modos que los usuarios de estos dispositivos nunca antes habían tenido. Se trata del modo rendimiento y el de calidad, cada uno enfocado a favorecer un aspecto diferente dentro de la experiencia de juego.


Estos ajustes se pueden modificar en cada videojuego, teniendo la opción de alternarlos para probar cada uno de los beneficios que entregan y de esa manera establecer el que más se adapte a lo que queremos como usuarios.


Qué es el modo rendimiento

Este tipo de configuración se enfoca en la velocidad de los fotogramas que reproduce el juego. Quiere decir que al elegir el modo rendimiento se sacrificará la calidad gráfica, para tener una experiencia más fluida.


En la mayoría de títulos para consolas, el máximo de fotogramas por segundo (FPS) es de 60, mientras que otros se quedan en 30. Algo que dependerá de los ajustes de los desarrolladores.


Tener el modo rendimiento es preferir un juego que se mueve más rápido, pero perdiendo detalles en la imagen, como ver objetos difusos de fondo, formas geométricas imprecisas, menos efectos de iluminación, reflejos y sombras.


Las consolas de nueva generación ofrecen mejor rendimiento y calidad, pero los jugadores deben elegir. (Unsplash)

Estas desventajas se contrastan, con una experiencia más dinámica, rápida y fluida. Por ese motivo, muchos jugadores optan por ella para títulos de conducción, de disparos en primera persona, competitivos en línea (como esports) y que tengan acción rápida.


Para sacar un alto provecho del modo rendimiento es necesario contar con un monitor que pueda ejecutar una alta tasa de refresco, porque sino la experiencia no se verá reflejada.


Qué es el modo calidad

También conocido como modo fidelidad o resolución, esta configuración hace todo lo contrario a la anterior: su enfoque está en la calidad visual del contenido y sacrifica el rendimiento.


Esta configuración viene activada de forma predeterminada en la mayoría de juegos, ya que a los desarrolladores les interesa mostrar su título con la mayor calidad visual posible.


Así que gracias a este modo será posible disfrutar de experiencias en resoluciones 4K y con altos límites de escala de resolución dinámica.


Las consolas de nueva generación ofrecen mejor rendimiento y calidad, pero los jugadores deben elegir. (Unsplash)

Al usar este ajuste será posible disfrutar de todos los detalles visuales, iluminación y efectos que fueron creados, aunque con un rendimiento y fluidez contenida, ya que el hardware de la consola se enfoca en procesar los gráficos.


Preferir este modo es habitual en juegos en los que el espectáculo visual es lo primordial, como pueden ser los títulos de aventura, novelas gráficas, plataformas, mundo abierto, puzzles y deportes, ya que en ocasiones los usuarios no logran diferencia la velocidad de los fotogramas por segundo, pero sí la calidad de la resolución.


Existen modos intermedios

Para no obligar a los jugadores a tener que elegir entre una u otra opción, que están cada una en un extremo, los desarrolladores empezaron a incorporar configuraciones intermedias que ofrecían un mayor equilibrio.


Por ejemplo, Spider-Man: Miles Morales en PlayStation 5 tenía el modo “Performance RT”, que permitía jugar a 60 FPS y con la posibilidad de una mejor iluminación y efectos de sombras, por lo que la perdida de calidad gráfica no era muy alta.


Al final la elección por uno de los dos modos o la configuración final dependerá de los gustos de cada jugador, el tipo de título y los dispositivos disponibles, como el televisor y la capacidad para reproducir contenido en 4K o a 60 FPS.

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